
Dentro de unas semanas, el 7 de junio, se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. Todo el mundo desarrollado (los ricos) organiza su vida política con la cacareada y “glorificada” democracia.
El sistema, a priori, parece digno, respetable e imposible de criticar: la elección cada cierto tiempo, por parte de los ciudadanos, de sus gobernantes. Sin embargo, y a parte de los defectos formales y superficiales (aunque no exentos de importancia), como son los desajustes de las leyes electorales y las diferencias de un voto u otro, hay elementos mucho más peligrosos e inquietantes. Por ejemplo, la transformación, cada vez más, de las campañas electorales en campañas de marketing. En una sociedad capitalista como en la que vivimos, donde todo se compra y vende, hemos llegado a un punto en el cual también se ponen en el mercado las ideologías. Existe el gran riesgo que los partidos políticos se conviertan en grandes empresas que intentan vender sus productos durante el tiempo de campaña.
La simplificación de la vida política además es acuciante, y cada vez más evidente. Los medios de comunicación contribuyen al reduccionismo de ideas y opciones dando todo el protagonismo a los dos grandes partidos. La ecuación es fácil, pero terriblemente irritante para alguien con una mínima percepción de la realidad, quien si eres de “izquierdas” votas al PSOE, si eres de derechas, al PP. Nótese que las comillas están puestas únicamente en la primera opción. Es bastante lamentable que se relacione y considere al PSOE con la izquierda. Habría que ver que opinan al respecto mentes lúcidas de, digamos, otra izquierda, como Julio Anguita. Quizás la sociedad española no está preparada para políticos de esa enjundia y profundización de ideas. En fin, sólo es una suposición resignada.
Además luego tendrán que devolver los servicios a quien le ha prestado los medios indispensables para realizar esas mastodónticas campañas de convencimiento a las masas públicas. Y esos elementos que han ayudado a los partidos suelen ser instituciones que sólo viven gracias o están irremediablemente ligadas al capitalismo (generalmente bancos). Entonces surge inmediatamente una pregunta, si un partido no apoya el capitalismo como forma de funcionamiento económico ¿recibiría ese apoyo económico tan necesario para competir en unas elecciones de una pieza básica del modelo que les gustaría destruir, como son los bancos?