Pese a la obstinación que pusieron en este empeño los americanos, tuvo que ser un pescadero, “Paco el de la bomba”, el que hallara el explosivo. De no menos pintoresco se puede calificar el baño en el mar del ministro franquista Manuel Fraga y el embajador de Estados Unidos, que intentaban demostrar a los españoles la intrascendencia e inocuidad del suceso. Es doloroso que de la tragedia lo que más recordemos sea toda esta particular liturgia del Régimen. Sin embargo, este macabro suceso aún tiene sus aspectos más importantes e inquietantes por resolver.
En 1986, expertos en Medicina certificaron que Palomares era la zona del planeta con mayor contaminación de plutonio. Hay que lamentar que no se haya realizado un estudio epidemiológico continuado a los habitantes de la zona, así como un análisis en profundidad y concluyente de las consecuencias de la presencia de material radiactivo. A tenor de todo esto no se puede descartar riesgo para la salud, y mientras esto sea así, las autoridades tienen la responsabilidad ineludible de investigar, aclarar y desagraviar a los posibles afectados del oscuro suceso acaecido en tierras y aguas almerienses protagonizado a medias por EE UU y la España franquista. Carlos Fernández Lozano.
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