El sistema económico comporta unos medios de comunicación en una búsqueda permanente de impactar en la audiencia. Estas empresas de contenidos, que monopolizan el sentido de la realidad en nuestras sociedades, abordan los temas basándose en superficialidades, demagogias, sensacionalismo o una magnificación gratuíta. Estas prácticas se hacen especialmente hirientes en situaciones de catástrofes naturales o humanas. Así, en el caso de Japón, es evidente el alarmismo con el que están actuando los medios.
En determinadas situaciones la labor de simplificación de los hechos se entremezcla y viene potenciada por motivaciones ideológicas. En este sentido, en el caso de las revoluciones árabes, los medios de información están demostrando un doble rasero que, por ejemplo, les permite denominar “rebeldes” en Libia lo que son “extremistas” en Bahréin (El País).
Frente a este comportamiento, es ineludible mencionar a la televisión pública de Japón, como un ejemplo de rigurosidad. Un modelo que no están por la labor de secundar las grandes empresas de comunicación occidentales mientras su principal objetivo sea el económico (o, a veces, aunque muy relacionado, el político) y no la ética profesional. Carlos Fernández Lozano.
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